Historia

JAVIER HENRÍQUEZ LARA Y LA MUERTE CALA DE VERAS

Las ocasiones en las que la frontera entre arte y artes aplicadas se difumina, son sumamente contadas.

Por eso, el fenómeno se decanta en una corta lista de nombres encabezada por Javier Mariscal, Karim Rashid y Philip Stark. Pero este es el caso de diseñadores que brincan hacia las arenas de la arquitectura, la pintura y la escultura, sin dejar de practicar aquello con lo qu se ganan la vida por oficio. Porque también están los nombres como Walter Gropius, Mies van der Rohe, Luis Barragán o Vicente Rojo, que a la inversa salen del campo del arte o la arquitectura para adentrarse en el diseño de una silla, un sillón o una copa, así como también un cartel, un comercial o una página de libro.

En alguno de estos renglones teóricos o en algún intertexto de la historia quedará ubicado Javier Henríquez Lara, quien con La Muerte CALAdeVERAS lleva uno de los iconos de la cultura mexicana, la calavera –explorada por la literatura, teatro, música, danza, plástica y el cine-, hacia una nueva modalidad de expresión, esta vez en piezografía.

Se trata de un módulo que ha venido trabajando como divertimento desde 2010 y que supo llevar por diversas expresiones del diseño o corrientes artísticas: lo mismo del pixel art al puntillismo que del Op Art a la caricatura, llegando a convertirse en una manera de rendir un tributo a significativos personajes o características culturales del país. Así, un paliacate o un agave, un cómico o un ciudadano subversivo, una tehuana con huipil o la cosmogonía de la cerámica tonalteca, aparecen en este desfile de versiones y conversiones alusivas a la muerte.

Conocido anteriormente por sus mensajes gráficos en los que señala —aprobatoria o desaprobatoriamente— realidades de la idiosincrasia contemporánea —sea política, económica o social en un orden universal—, en La Muerte CALAdeVERAS, Javier Henríquez mira a su entorno para entonces aplaudir otras perspectivas sobre el mismo tema, tomando prestadas para esta edición algunas expresiones de dos de los grandes de las letras mexicanas como Octavio Paz y Carlos Fuentes, o de la historia, como Nezahualcóyotl.

En tanto, el homenaje gráfico a un nutrido grupo de personajes que simbolizan de alguna o de otra manera el carácter de un México que ha mirado y mira a la muerte de frente, como muy pocas naciones o culturas lo han hecho: “recurriendo al humor, al drama o a la emoción”, como ha dicho del Proyecto Alejandro Magallanes, colega de Henríquez.

En esta colección lo que vale es el conjunto, por la exploración artística que implicó su realización. Acompañan, colaboran y participan además Quique Rangel de Café Tacvba, el artista plástico Fernando Sandoval y el también diseñador Mauricio Lara, para acabar de llenar de vida este proyecto que mira con gracia, color y calidad artística a la muerte.

Ana Guerrerosantos